Por si quedaba alguna duda, el gobernador José Guadalupe Osuna aprovechó de nuevo el escenario donde mejor se siente, con su partido, para dejar bien claro que Daniel de la Rosa Anaya, secretario de Seguridad Pública del Estado de Baja California, no se va.
De hecho, por lo que vemos y entendemos, contra viento y marea, es el primer ratificado en el gabinete estatal.
Y el jefe del Ejecutivo Estatal está en todo su derecho de hacerlo porque simple y sencillamente el remover o no a sus colaboradores es una de sus facultades.
Eso sí, tendrá entonces también, en consecuencia, asumir los riesgos que ello implique.
De la Rosa, por su parte, tendrá entonces que aprovechar esta oportunidad y respaldo que públicamente le ha ofrecido el gobernador Osuna Millán para tratar de enderezar el rumbo en una secretaría que tiene todo para hacer lucir positivamente a un gobierno, pero a la que le ha faltado creatividad y talento.
En cambio, hay que decirlo también, le ha sobrado personal ansioso de proyectarse personalmente o compañeros de gabinete que más que colaborar y construir, intentan controlar las decisiones para sumarse los logros, aunque evadiendo los errores.
Con el respaldo público del jefe del Ejecutivo Estatal el titular de la SSP en Baja California estará doblemente comprometido a sacar adelante la institución y obtener en base a su trabajo el respeto y el reconocimiento de una sociedad que no está muy conforme con su trabajo.
El pésimo manejo del conflicto en el penal de El Pueblito, la sospecha permanente y creciente de la participación de elementos y mandos de la Policía Estatal Preventiva al servicio de la delincuencia organizada, el bajo costo-beneficio de dicha corporación, la escasa creatividad en acciones preventivas y la absolutamente nula inteligencia en materia de seguridad, son algunas de las asignatarias pendientes.
Pero con el respaldo demostrado del Gobernador Osuna, De la Rosa Anaya tiene también en esas mismas vulnerabilidades sendas áreas de oportunidad que, de atenderlas y colocar en cada una de ellas a las personas adecuadas, basados en sus capacidades más que en sus filias y fobias políticas, podrán reposicionarlo positivamente en el contexto político estatal.
La SSP de Baja California requiere, con urgencia, un replanteamiento a fondo de sus funciones y responsabilidades, innovar estrategias, crear lo que sea necesario crear para aplicarle la nueva dinámica que revitalice y fortalezca a una institución urgida de éxitos.
De la Rosa Anaya tiene el apoyo indudable e indiscutible del Gobernador del Estado y, en consecuencia, la oportunidad de presentarle ese proyecto de reingeniería total que urge a una Secretaría que parece perdida, inoperante, inútil y por lo tanto, sumamente costosa para los contribuyentes bajacalifornianos.
Ojala que lo aproveche.
De todo un poco
Imposible que a mi mente y a mi corazón lleguen este día, avasalladores, los recuerdos de mi ingreso por primera ocasión a un periódico. Fue un 13 de octubre de 1973 cuando las puertas de mi entrañable periódico El Imparcial, en Hermosillo, Sonora, se abrieron para darme la oportunidad de trabajar unas semanas en tanto pasaba el tiempo para viajar a la ciudad de México a buscar una oportunidad en la Facultad de Medicina de la UNAM. Hoy se cumplen exactamente 35 años e igual que entonces observo la quijotesca figura de aquél hombre inmenso, de estatura, espíritu y conocimiento, de don José Alberto Healy sentado frente a su Remington escribiendo su columna Intrascendencias. Pero también al de don Rodolfo Barraza González, subdirector editorial en ese entonces, Daniel Anduaga González, jefe de información, Luis Enrique Gallardo, Francisco Avalos Baeza, René Morera, Alejandro Olais Olivas, don Jorge Orozco y Girón ,Eduardo Gómez Torres, Federico Coker y nuestra queridísima Lupita Duarte, Hugo Arroyo, Casimiro Cabrera, los fotógrafos Crispín Ballesteros, Elías Anaya, Lichita de Biel y María Cristina Aldrete, en Sociales, don José Armando Fonseca, gerente general, Cuauhtémoc Aguirre, subgerente. Elvira Oviedo y muchos grandes hombres y mujeres que me ayudaron incondicionalmente en mi formación personal y profesional. A los que ya se nos adelantaron mis oraciones y para los que aún están con nosotros, mi gratitud eterna por invitarme y enseñarme a vivir este extraordinario mundo del periodismo. Gracias por creer entones en aquél melenudo izquierdista y revoltoso que, vestido de mezclilla, con morral y teguas, ocupó un puesto en la recepción y los teletipos y al que sus directivos confiaron y prepararon hasta llegar a la dirección editorial de El Imparcial, primero y La Crónica, posteriormente. A la familia Healy, mi admiración, cariño y respeto por siempre.
Pero mejor aquí la dejamos y nos vemos mañana, Dios Mediante, en este mismo espacio.
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