Yo no sé si de verdad están convencidos o lo hacen por conveniencia, pero cualquiera que sea el caso resulta verdaderamente lamentable la postura entreguista mostrada por algunos representantes del sector privado que se desviven en elogios hacia el quehacer gubernamental.
Por eso es tal vez un momento adecuado para recordar que no hace muchos años, una buena parte de los empresarios bajacalifornianos se convirtieron en los más feroces críticos del sistema político mexicano. Eran precisamente los que todo veían de color negro y hacían las veces de directores editoriales en los medios de comunicación.
Lo hacían porque sin duda alguna tenían razón.
La corrupción, el nepotismo, los favoritismos, la ineficiencia, los compadrazgos, el amiguismo, la incapacidad, el proteccionismo, la mentira, la demagogia, la intolerancia, la soberbia, la arrogancia, la pérdida de valores, la falta de respeto, el autoritarismo, la indiferencia, el dispendio y muchos otros aspectos negativos campeaban en los gobiernos priistas en las últimas décadas.
Los empresarios bajacalifornianos, algunos de ellos beneficiados con esa corrupción pero muchos más que no participaban en las componendas y acuerdos para las asignaciones directas de los negocios multimillonarios, formaban verdaderos bloques críticos y de denuncia que despertaron la conciencia social.
De ahí precisamente surgió una nueva generación de panistas que, representados por Ernesto Ruffo Appel, empujaron todo un proyecto político que hasta la fecha mantienen en el Estado.
Pero hoy, la representación del sector empresarial en Baja California parece parodiar a la popular cantante y compositora Shakira, por aquello de que está ciega, sorda y muda.
No ve, ni escucha y en consecuencia, no habla de lo que la sociedad en general, esa que no tiene acceso a los negocios y los contratos directos para compra de equipo de cómputo, de construcción de puentes, pavimentación, obras hidráulicas, etcétera, sí comenta, critica y cuestiona.
No ve, ni escucha ni habla, en consecuencia no critica, la incapacidad, ineficiencia, la corrupción, el favoritismo, el nepotismo, el proteccionismo, la arrogancia, la intolerancia, la soberbia y la demagogia que se han constituido como características distintivas de los gobiernos actuales.
Para estos representantes empresariales, beneficiados del sistema, todo está bien y hasta elogian una supuesta coordinación en la lucha contra la delincuencia que sólo está en las mentes y los anhelos de quienes, precisamente, están siendo desplazados por las autoridades federales que, esas sí, no les tienen confianza ni les creen pero que además los saben incapaces e incompetentes.
¿Dónde están aquéllos empresarios críticos e independientes que se convirtieron en líderes de una sociedad exigente y harta de un sistema que se ahogó en su corrupción, en su nepotismo, en su arrogancia, en su soberbia y su intolerancia?
Déjeme decirle que desgraciadamente ya no están del lado de la sociedad sino que hoy participan desde el lado oficial, disfrutando de las canonjías que les brinda un descarado amasiato con el Gobierno que se refleja ya en el crecimiento de sus empresas y sus apariciones constantes en los presidium y eventos oficiales.
Y al que le quede el saco, que se lo ponga.
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